13 de diciembre de 2010
Polémica por reforma al código de edificación que impulsa el intendente Fayad

Mañana martes, el Concejo Deliberante tratará un polémico proyecto de modificación del código de edificación enviado por el Ejecutivo de la Ciudad de Mendoza. Es que especialistas y ediles han puesto el grito en el cielo por el impacto que este tendrá en la “urbanidad” capitalina. Sus argumentos y las contradicciones del Concejal Membrives.

por: Christian Sanz

Los vecinos de Mendoza que estaban acostumbrados a la imagen residencial de zonas como la Quinta y la Sexta Sección o el barrio Bombal, tendrán que empezar a hacerse a la idea de que ya no será esa la postal que se percibirá de esos lugares.

Es que mañana martes, en pleno Concejo Deliberante se tratará un proyecto enviado por el Ejecutivo municipal donde se intentarán incluir una serie de modificaciones que permitirán la construcción edilicia en condiciones que hasta ahora no estaban permitidas.

El proyecto asegura estar basado en “cinco estrategias”: densificación de áreas subutilizadas, recuperación de sectores deprimidos, desarrollo de nuevas centralidades, conservación de áreas residenciales y preservación de la calidad y patrimonio ambiental de la ciudad.

Allí, se propone a nivel operativo modificar “valores revisados” de retiros frontales, laterales y posteriores, número de pisos máximos y mínimos de los edificios, valores máximos y mínimos revisados de Factores de Ocupación (FOS y FOT) para las diferentes zonas de una zonificación revisada del área urbana del municipio.

Un botón de muestra: la reforma permite la construcción de hasta ocho pisos en el Parque Gral. San Martín y en la calle Olegario Andrade.

En tal sentido, se alienta la unificación de dos o más parcelas contiguas, estableciendo valores topes de altura según las superficies de los terrenos resultantes, con límites definidos de: hasta 500 m2, entre 500 y 1.500, entre 1.500 y 2.500 y más de 2.500 m2. En el último caso, se permitiría acordar una morfología no regulada por el código, por parte de una comisión de cinco integrantes designada a ese efecto. En buen romance, un grupo de personas podrá decidir sobre cuestiones edilicias de enorme relevancia pasando por encima del Concejo Deliberante.

Como era de prever, esto ha provocado la queja de especialistas en urbanidad y hasta de ediles capitalinos por los eventuales cambios que tendrá la fisonomía urbana y por la “crisis” de las condiciones de habitabilidad que tendrán que sufrir los habitantes en el mediano plazo.

Uno de los que ha puesto el grito en el cielo fue el concejal socialista Alberto Montbrun, quien se mostró en contra de la referida modificación y advirtió que, “detrás de una apariencia de mejora con respecto al enviado el año pasado, el proyecto que el Concejo se apresta a aprobar encubre una tremenda liberalidad para habilitar edificios de cualquier tipo y altura en lotes de mas de 2500 metros, esto me parece inaceptable porque una comisión de cinco funcionarios no puede pasar por encima de la autoridad de la ley y del propio Concejo Deliberante. Esto autoriza a suponer cualquier tipo de entendimientos sospechosos entre las empresas constructoras y las actuales autoridades”.

-¿Cómo se debería haber procedido?
-Consultando a especialistas y expertos, lo cual se ha omitido deliberadamente toda. Es increíble que teniendo la riqueza científica del CRICYT, de la UNCuyo, del Concejo del Ambiente o del Colegio de Arquitectos no se los escuche antes de tomar una decisión llamada a impactar para siempre en la calidad de ciudad que tenemos.

-¿Cómo afectará esto la calidad de vida de los vecinos?
-Por ejemplo, en el caso de Boulogne sur Mer, la construcción de edificios de altura afectará de manera irreversible esa calidad de vida en la Quinta y la Sexta Sección, al privar a esas zonas de la brisa estival refrescante proveniente del parque.

-¿Qué más afectará?
-El proyecto no contempla uno de los grandes logros de la ley de ordenamiento territorial, que es la incorporación de la ponderación de las externalidades en los proyectos edilicios y la responsabilizacion por las mismas a quienes obtienen beneficios económicos sin contraprestación alguna. Tampoco se ha tenido en cuenta la obligatoriedad de las audiencias públicas para la aprobación de los planes de ordenamiento territorial.

De manera similar opinó el concejal del PRO, Emilio Bertolini, quien aseguró que se trata de “una norma injusta. Los terrenos chicos son castigados con miles de restricciones y en la Quinta no podés hacer mas de 3 pisos, para los grandes la normas se hace mas laxa y para los muy grandes directamente no hay norma pudiendo decidirse todo entre 5 personas”.

-¿No hubo discusión al respecto?
-Para nada, nunca se trató en Comisión, a pesar de que nosotros quisimos instalar el tema en ese órgano. Se trató a libro cerrado.

A las palabras de los ediles, deben sumarse las apreciaciones técnicas de Carlos De Rosa, Mirza Baso y Mariela Arboit, pertenecientes al Centro Regional de Investigaciones Científicas (Cricyt). Allí, en un tópico denominado “determinación de impactos previsibles”, los especialistas aseguran que “la propuesta técnica no resulta coherente” y “es cuestionable desde el punto de vista de la preservación de las bondades ambientales de las que hoy goza Mendoza y que resultan altamente eficientes en la mitigación de los rigores del clima desértico”.

En el mismo sentido, el documento puntualiza en diversos “impactos energético-ambientales predecibles” que producirían un deterioro de la calidad de vida de los actuales y futuros pobladores urbanos. Entre ellos:

• Pérdida total de la homogeneidad de la morfología urbana, como resultado de posibilitar que, en una misma manzana, sea posible la construcción de estructuras de 18 niveles (54,00 m.) de altura máxima y 4 niveles (12.00 m.) de mínima, es decir, una diferencia aceptada de 14 niveles (42,00 m.) (Zona Central), en posibles situaciones de contigüidad, no mitigadas efectivamente por los retiros laterales prescriptos. El contraste sería aún peor (16 niveles de diferencia) (48,00 m.), cuando se trate de situaciones de contigüidad con construcciones existentes de 2 plantas en buen estado de mantenimiento, aptas para ser preservadas. Fig. 7 – 14.

• Pérdida total de la fisonomía de la ciudad en cuanto a sus bondades ambientales de escala, estética urbana y microclima en zonas residenciales consolidadas de baja densidad, posibilitando la inserción en las mismas de estructuras de 6 niveles (Zona R1; Barrio Bombal) y 8 niveles (Zona R2: 5ª, y 6ª. secciones).

• Desmesura de las alturas máximas permitidas en los nuevos edificios, lo que condiciona el acceso a los recursos climáticos regionales, (radiación solar, brisa estival nocturna y temperatura aparente de cielo en noches claras) y deteriora el paisaje urbano en su valor de homogeneidad morfológica aumentando desproporcionadamente los riesgos y costos estructurales en zonas de alta sismicidad, como ha quedado demostrado recientemente por los sismos de Chile y Haití.

• Las mayores alturas y densidades edilicias podrían contribuir además al deterioro progresivo y final de las arboledas urbanas actuales en medios plazos, teniendo en cuenta que las más antiguas y de mayor tamaño están ya, notablemente deterioradas por el estrés hídrico, la contaminación del aire y del suelo y principalmente por la acción destructiva de la poda indiscriminada, en la mayoría de los casos innecesaria. Por otra parte, no se ha avanzado en el desarrollo de técnicas de vivero ni de transplante, que posibiliten la reposición de ejemplares de mayor tamaño y resistencia, permitiendo obtener en menor tiempo los servicios ambientales de las arboledas renovadas, aún cuando, en las mejores situaciones las nuevas densidades edilicias probablemente no permitirían nunca alcanzar la escala y la biomasa de los grandes forestales existentes.

• Varios factores se conjugan negativamente para incrementar la intensidad, ya crítica, de la isla de calor urbana actual y las posibilidades de control del microclima estival para reducir la demanda de enfriamiento convencional; ellos son: mayor masa de acumulación de calor en volúmenes construidos; reducción del factor de visión de cielo con la consecuente disminución del potencial de enfriamiento radiativo nocturno y la mayor rugosidad del terreno que reduce las posibilidades de ventilación de confort, enfriamiento convectivo nocturno y barrido de contaminantes atmosféricos generados en la ciudad. (Correa, 2008). Los impactos energéticos resultantes son conocidos: mayor demanda de enfriamiento mecánico, de consumo de combustibles fósiles y las consecuentes emisiones de gases de efecto invernadero.

• Falta total de previsión del acceso a los recursos climáticos y la eficiencia energética de los edificios, ante la certidumbre del encarecimiento y próximo agotamiento de los energéticos fósiles en plazos relativamente cortos, en el país y en el mundo. Si bien las predicciones del agotamiento definitivo de los combustibles fósiles admiten un rango amplio de valores, estudios confiables para el país señalan que las reservas conocidas tenían una duración de 12 años a las tasas de consumo de ese momento, a fines de 2003. (Freda, 2004). Nuevos hallazgos de gas es prematuro abrir juicio sobre los hallazgos ya que el uso moderado para aumentar el plazo de la reserva y contribuir a mitigar el cambio climático global.

• Dado que esta problemática debe ser considerada desde las primeras etapas del diseño de nuevos edificios urbanos, no puede ser relegada a futuras revisiones de la normativa correspondiente dado que, cuando las mismas se implementaran, se habrían materializado ya una cantidad de grandes estructuras energéticamente ineficientes.

• Perjuicios económicos sustanciales a propietarios de construcciones residenciales existentes toda vez que se construyan edificios de desarrollo en altura en situaciones de contigüidad o cercanía a sus propiedades. Al mismo tiempo, aumento de la especulación del mercado inmobiliario en cuanto al costo de la tierra urbana y a la mayor rentabilidad de los edificios en altura, alentados por los inversores inmobiliarios, como ha quedado demostrado en este municipio mediante las cuestionables excepciones al Código, en los años recientes (Edificios Da Vinci y Sheraton, entre otros). Todo ello, contribuyendo a acentuar la falta de equidad distributiva de los bienes comunes que beneficia a unos pocos perjudicando a la mayoría.

• Insuficiencia de las redes de servicios de infraestructura actuales para atender a las demandas de las nuevas densidades de población.

• Mayor congestión vehicular, ruido y emisiones hasta tanto no se implemente un sistema eficiente de transporte urbano para toda el AMM.

• Pérdida de la privacidad visual y sonora en vecindarios consolidados de baja densidad, cuando en los mismos se permita la construcción de edificios en altura.

• Deterioro de las condiciones de acceso al sol de la edificación existente por inserción en la trama urbana de construcciones nuevas que provocan alteraciones ambientales, sin considerar la preservación y derecho al uso del recurso solar en los entornos urbanos consolidados, ni la recuperación del potencial solar en las estructuras ya construidas.


La yapa

Si algo le faltaba a la trama descripta, es el papel que juega el concejal del ARI Juan Carlos Membrives, socio político de Víctor Fayad, y quien votará seguramente a favor de las modificaciones que quieren imponerse al código de edificación.

Es que, pocos saben que existe una severa contradicción entre las funciones que desarrolla Membrives como agente inmobiliario —y corredor de comercio—, y su tarea como edil municipal.

Así al menos lo dice el art.13 de la ley 7372: “No podrán ejercer como Corredores Públicos Inmobiliarios por incompatibilidad (…) los Legisladores Nacionales y Provinciales, los empleados de la Administración Nacional, Provincial, Municipal y/o reparticiones autónomas y autárquicas mixtas”.

El por qué del espíritu de esa norma es más que evidente: cualquiera podría intentar beneficiarse en sus negocios particulares desde su cargo público.